Camino de invierno

"Peregrinar es rezar con los pies"

Un poco de historia ...

Como su nombre indica, este es el camino seguido e iniciado por los peregrinos medievales para evitar el sufrimiento de la crueldad invernal que significó llegar a O Cebreiro por el Camino Francés.

Saliendo de Ponferrada y caminando por la orilla izquierda del río Sil, lo que garantizaba un clima más suave, el camino pasa a través de bosques de castaños, cerezos y bosques de ribera que cubren la tierra con inmensa generosidad. Y de repente, tras dejar atrás Toral de Merayo, Priaranza o Santalla del Bierzo donde siempre es bienvenido el peregrino o viajero, por encima de las copas de los árboles de roble podemos observar lo que pareciera una atalaya natural colgada de un poderoso barranco, es la silueta del Castillo de Cornatel, que nos recuerda que siempre ha sido sitio de paso y él siempre ha estado ahí vigilando. Fue la segunda fortaleza templaria en importancia, detrás de la de Ponferrada, posiblemente debe su origen a una anterior cuya misión era proteger las minas de oro próximas en la época romana: Las Médulas.

Por el momento, continúa preservando el misterioso magnetismo, a través del cual nunca pasa desapercibido, además de alzarse en medio de un paisaje de extrema belleza.

Continuamos el camino por la ciudad de Borrenes con la siguiente parada ya ubicada en Las Médulas, sin duda un hito en la historia de la minería.

En esta frase “…Y el monte fragmentado cae por sí mismo con más estruendo del que la mente humana puede concebir” Plinio el mayor describió en su «Naturalis Hispaniae» uno de los pasos para la extracción de oro en la época romana hasta el comienzo de nuestro mandato. Esta técnica, que se utiliza en Las Médulas, El más grandioso reto de explotación aurífera imperial definida como «ruina Montium» mina de oro formado por los estragos del hombre destruyendo la montaña en busca del metal precioso.

El espectáculo que vemos hoy, dos mil años después, es un sorprendente y cautivador paisaje al borde de la irrealidad con grandes y arcillosos barrancos, largas galerías y tierras erosionadas que surge de la exuberante vegetación por la parte superior de castaños, robles y genistas.

Existen unas panorámicas impresionantes desde el mirador de Orellan. Extrañas emociones atacan nuestros corazones, mientras que despertamos los sentidos que transforman la imaginación en otros momentos. Es muy difícil apartar la mirada cuando los ojos que se fijan en cada rojizo Picacho o cada valle cubierto con un manto verde de la vieja historia que enfatizan aún más la grandeza de un lugar que, con razón, es un patrimonio de la humanidad.

Así son las Médulas, las ruinas de la naturaleza misma formadas por el hombre que cada mañana se despierta aún más bella y sugerente, con encanto y capacidad mágica de encantar el corazón y la mente de cualquier persona que tenga la audacia de descubrir sus secretos.

Ya, nuestros pasos se encaminan hacia la última localidad leonesa, el Puente Domingo Flórez, después de observar el Lago Carucedo, mientras nuestra imaginación recuerda algunas de sus leyendas.

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